Catalina Solis, aquella jovencita que realizó un viaje al Caribe, junto con su hermano, para encontrarse con su marido por poderes pero que sufrió un naufragio y acabó perdiendo a su hermano y sola, en una isla supuestamente abandonada. Para saber más leed la reseña de Tierra Firme.
Pues como decía, Catalina Solís vive apaciblemente en su villa de Margarita, como viuda de “un latonero margariteño a quien de pequeño, la coz de una mula había dejado con media cabeza y ningún entendimiento”. Allí a una hora intespetuosa (la hora de la siesta) recibe la visita de Rodrigo, su compadre en su anterior época como Martín Nevares, para darle un conjunto de fatídicas noticias: Su padre había sido apresado por el gobernador de Cartagena por crímenes de lesa majestad y la condena sería, casi seguro, la pena de muerte. Éste sería trasladado a Sevilla donde se le juzgaría por contrabando y por mercadear armas con el enemigo. Pero, no terminan aquí las malas noticias, Santa Marta, el pueblo donde vivían sus padres adoptivos, había sido saqueado, sus habitantes asesinados y todo había ardido bajo las llamas por orden del pirata flamenco Jakob Lundch.
Una novela que parece ser ideal para los adolescentes y que a mí me ha parecido perfecta para mi persona. Una novela llena de temporales, aventuras, marinos, bucaneros, traiciones, venganzas, esqueletos, islas desiertas con un tesoro escondido en sus entrañas, un Robinson con la cabeza medio perdida, un capitán, un barco…. ¿qué más se puede pedir?