Estamos en el S.VIII, en la zona asturiana de la antigua Hispania, una zona en la que aún conviven (más mal que bien), el cristianismo y el paganismo y que ahora tiene que hacer frente común al islamismo arrivista.
Huma es la hija de la sacerdotisa del castro astur de Coaña. Naya parió a su hija en una noche sin luna lo que parece ser que marcará el futuro de madre e hija. Una niña que a simple vista parece ser un prodigio, porque vamos, que a los dos años de edad demuestre la lógica y el raciocinio de una persona mayor me parece un éxito de la genética. Por cierto que esta muestra de lógica aplastante la descubrí cuando Huma sale con su madre en busca de un ermitaño que le dará el nombre, vamos, que la niña sigue sin bautizar a los dos años, ¿cómo la llamarían?. El ermitaño éste, además de darle un nombre le regala una fantástica profecia, que se nos repetirá hasta la saciedad a lo largo de la novela, lo que cansa a cualquiera. leer más…
La novela nos relata cómo la hija de un guerrero godo y de una jefa astur, es entregada cómo tributo al emir cordobés, formando parte del “